ADORADORES
Y ADORACIÓN
(Walter Rumierk)
No hay tarea más
noble ni actividad más provechosa que adorar al único Dios vivo y verdadero.
Adorar a Dios produce un enriquecimiento perdurable y un fortalecimiento
interior generados por una relación íntima y armoniosa con el creador. Pero ¿qué
es adorar? Solamente la Biblia establece las pautas para una definición
correcta de adoración. Rendir homenaje, alabanza, reconocimiento ,culto y
exaltación al Dios soberano. Adorar no es una ceremonia litúrgica sino un acto
del ser interior. Los vocablos adorar y adoración son de uso común entre los
cristianos, pero la comprensión de ellos no esta del todo claro. Muchos
confunden adorar con ciertos espectáculos religiosos donde se desbordan las
emociones. Otros lo
identifican con cultos repetitivos y sistemáticos, pero vacíos y sin
dinamismo. Dios quiere enseñarnos acerca de adoración y de adoradores desde
una perspectiva bíblica, teológica y práctica para comprender la naturaleza
de la verdadera adoración.
A veces se ha confundido la naturaleza de la verdadera adoración. Por un lado,
se ha identificado adorar con actividades místicas y con experiencias
emocionales, aunque hay emoción en la adoración. Por otro lado se ha dado por
sentado que adorar tiene que ver con una liturgia fría, monótona y pedante.
La enseñanza clara de la verdadera
adoración se encuentra en la Biblia: el centro de adoración es Dios. La comunión,
la alabanza y la relación íntima con el Señor Dios soberano constituyen la
esencia de la adoración La palabra enseña que adorar al eterno es una cuestión
íntima del corazón. Tiene que ver con la relación entre el ser interior del
individuo y el Dios Santo con quien se puede tener comunión. Eso es adorar:
Entrar en comunión íntima con Dios sin que importe el lugar y las
circunstancias en las que el adorador se encuentre. Dios quiere sentar bases bíblicas
para recuperar una vida de adoración,
tanto en el hogar como en la iglesia. Es necesario tener una filosofía clara de
la verdadera adoración. El hecho sencillo es que Dios hoy, al igual que en
tiempos pasados, sigue buscando adoradores que le adoren en espíritu y en
verdad. Adorar a Dios no es la ejecución de un rito litúrgico sino una
realidad de íntima comunión con El. El hombre fue creado con el propósito
primordial de rendir homenaje al único, eterno y sabio Dios en conformidad con
la verdad que El mismo ha revelado en su Palabra. Esa adoración debe ser
tanto personal como colectiva, pero siempre debe hacerse de manera que le agrade
a El.La Biblia enseña la unidad de Dios como su esencia tripersonal. Dios es
Padre, hijo y Espíritu Santo en cuanto a personas, pero
es una sola esencia divina. La Fe cristiana es fundamentalmente trinitaria.
El cristiano que sabe adorar se acerca a Dios Padre por medio del hijo y en el Espíritu Santo. De este modo puede adorar a Dios plenamente. La realidad del pecado en la experiencia humana imposibilita que el hombre pueda acercarse a Dios por sus propios méritos. El ser humano no es capaz de buscar a Dios porque el pecado se lo impide. Dios, sin embargo, se ha acercado al hombre. Lo ha hecho de manera personal mediante la encarnación de Dios el Hijo. Además, Dios ha revelado al hombre su voluntad en las Escrituras. La Biblia enseña que Dios exige adoración exclusiva porque El es el único digno de ser adorado. El hombre no puede adorar a Dios "a su manera". Tiene que hacerlo como el mismo lo establece en su palabra. De la misma manera que el músico sigue al director de orquesta para que la sinfonía suene armoniosa, el adorador debe seguir las pautas establecidas por Dios en su palabra. El se agrada cuando se le adora como lo ha establecido en la Biblia, y le desagrada cuando el hombre inventa su propia filosofía de la adoración. El Antiguo y el Nuevo testamento nos dan ejemplos de cómo construir un argumento coherente tocante a la necesidad de practicar la clase de adoración que se ajusta a las normas divinas. Los hombres y las mujeres de la Biblia que aprendieron a adorar a Dios en espíritu y en verdad eran personas normales con los mismos problemas, inquietudes y frustraciones que pesan sobre las personas hoy día. El secreto de ellas(si se le puede llamar así) es que aprendieron a depender de Dios y dieron prioridad a la comunión con el Señor.
Ana la madre de Samuel, era una mujer
estéril, algo humillante para una mujer de aquellos tiempos. Ella no dejo de
adorar a Dios. Se postró delante del Todopoderoso, derramó lágrimas e hizo su
petición de una manera humilde. El Señor contesto la oración de Ana. El corazón
de aquella mujer quedo plenamente al descubierto delante de Dios. No hubo
espacio vedado a Dios en la vida de Ana. David fue también un genuino adorador
de Dios. Con sus defectos y sus caídas, David constituye un ejemplo de creyente
que anhelaba estar en la presencia de Dios Basta con leer algunos de los salmos
para saber y entender
algo de su vida y su experiencia como un íntimo del Señor. Tanto sus virtudes
como sus defectos constituyen una lección provechosa para quien anhele ser un
verdadero adorador de Dios. Más reveladora aún podría ser la experiencia de
Job. Aquel hombre justo fue probado en gran extremo. Dios permitió que el
enemigo lo afligiera. No obstante, en medio de los terribles sufrimientos, Job
adoró a Dios de todo corazón. La gran lección es que los verdaderos
adoradores alzan sus ojos al Todopoderoso, dependen de El en todo tiempo y dan
gracias no solamente cuando reciben lo bueno, sino también durante las pruebas
más difíciles. El Nuevo Testamento también registra los ejemplos de un número
considerable de los verdaderos adoradores. Mujeres como María de Betania, María
Magdalena o Dorcas. Hombres humildes como el leproso samaritano quien fue el único
de los diez sanados que regresó para dar gracias y adorar al que lo sanó. Por
supuesto que después de la resurrección del Señor, los apóstoles aprendieron
a adorarlo con corazón puro y públicamente dieron testimonio de su fe,
incluso arriesgando sus vidas. Quizas el ejemplo de Pablo se destaca entre los
demás apóstoles. Pablo no fue solamente un verdadero adorador, sino que
contribuyo tremendamente para que otros lo fuesen. Pablo demostró su actitud de
verdadero adorador por medio de su fe probada en momentos difíciles, su
gratitud, su compasión y su celo por el evangelio. Pero por encima de
todo, lo demostró mediante su constante deseo de ser más semejante a Cristo
cada día.
Sin embargo es Jesús nuestro mejor ejemplo de adorador. Dios manifestado en carne. Vino al mundo para revelar a Dios entre los hombres. Vivió en todo sentido la clase de vida que agrada al Padre. Siendo Dios, "no estimo el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse". El Señor Jesús enseñó a los hombres cómo adorar al único Dios vivo y verdadero. Si alguien tiene dudas de que significa ser un verdadero adorador que mire a Jesús y aprenda de El. El Señor enseñó a sus discípulos a adorar al Padre en espíritu y en verdad, pero no debe olvidarse que el hijo es digno del mismo honor y de la misma adoración que el Padre. También el Espíritu Santo tiene una participación en la adoración. Tal como el hijo vino para revelar el Padre a los hombres, el Espíritu Santo ha venido para revelar y glorificar a Dios el hijo. La importancia del Espíritu Santo en la adoración es incuestionable. Es mi deseo que cada verdad de nuestra adoración bíblicamente ordenada haga que muchas cosas comiencen a ser transformadas en nuestra vida mientras esperamos que la luz de su Gloria sea encendida en nuestros corazones, casas, su pueblo, las ciudades y naciones de la tierra.
Bibliografía
Cara a Cara(Derramando todo nuestro ser en la presencia de Dios)
Jaime Fernández Garrido,Daniel Dean Hollingsworth
Walter Rumierk
Director "Congreso de Adoradores Trayendo el Arca"
Wrt7@hotmail.com