El Camino a la Adoración
Pasaje clave: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza.” 
Salmo 100:4

             La adoración genuina requiere un enfoque profundo e íntimo.  Nuestro trajín diario no propicia el grado de cercanía que requiere la adoración.  Por eso en nuestros devocionales diarios lleva tiempo poder calmar nuestras mentes y tranquilizar nuestros corazones antes de que podamos tener comunión con Dios.  De ahí que haya que tener un “preludio” a la adoración, un camino por el cual podamos producir un cambio de lo físico a lo espiritual, de los sentidos físicos de orientación a la sensibilidad espiritual.

            El Salmista nos da una progresión efectiva cuando dice, “Entrad por sus puertas con acción de gracias por sus atrios con alabanza.  Así, la acción de dar gracias es el `preludio` de la alabanza, y la alabanza el preludio` de la adoración.  El dar gracias y la alabanza es lo que hacemos para entrar a Su presencia, y la adoración es lo que hacemos cuando llegamos a Su presencia.

Antes pensaba que la acción de gracias, la alabanza y la adoración eran sinónimos, pero son muy diferentes en su enfoque, carácter y resultados.

            La acción de gracias es expresar gratitud a alguien por algo que ha hecho. Aunque empieza como una actitud, inevitablemente debe expresarse en palabras y hechos.  En términos generales, damos gracias a Dios por lo que Él ha hecho y lo que va a hacer, le alabamos por quién es y quién será por siempre.  La acción de gracias normalmente involucra cosas que podemos ver, palpar, tocar, escuchar y oler, es reconocer la obra de Dios en el campo físico.

            La alabanza es reconocer y celebrar la persona y la obra de Dios.  Es la respuesta espontánea y no solicitada a una situación favorable y jubilosa.  Los sonidos de la alabanza deben parecerse a una fiesta no a un funeral.  En la acción de gracias reconocemos las obras de Dios, y en la alabanza reconocemos a la persona de Dios.

La adoración es la expresión de una relación de amor, se caracteriza por la intimidad y la cercanía.  Comúnmente la acción de gracias y la alabanza implican celebración, fiesta intensa y  poderosa por naturaleza, pero la adoración es sensible, íntima, tierna y serena.  Mientras que en la música de alabanza se usan los címbalos resonantes, las trompetas, y los sonidos majestuosos de la orquesta y la gente exalta a Dios fuertemente con sus gargantas, en la música de adoración se involucran más el arpa, las cuerdas suaves, los momentos de quietud y las palabras suaves de la adoración de aquellos que se han acercado a su Dios.

            La próxima vez que adores a Dios, empieza por darle gracias, continúa con un tiempo de alabanza y cuando sientas que tu espíritu está lo suficientemente preparado, tu mente está quieta y enfocada en Dios, ADORA.

¡Un Corazón Ardiente! (¡A Heart Aflame!) Por, Don McMinn, Ph.D