Israel quería ser «como las otras naciones y esto los condujo a la tragedia.
El precio de no seguir los métodos de Dios 
Miguel Angel Torres Pumarada


2 Samuel 6.1–11) 

Muchas queremos servir al Señor siguiendo nuestros propios métodos y no los de Dios y esto puede acarrearnos serios problemas. En el pasaje que nos sirve de reflexión vemos ilustrada esta verdad. Sin duda que era un deseo noble de parte de David traer el arca a Jerusalén, pero es posible tener «celo sin conocimiento» y hacer una buena obra en una forma equivocada. Para empezar, David no consultó al Señor; consultó con sus líderes políticos (1 Cr 13.1–4; nótese 2 S 5.19, 23). Parece que su principal motivo fue unificar a la nación bajo su gobierno antes que glorificar al Señor. Nótese en 1 Crónicas 13.3 que David critica a Saúl por descuidar el arca. Tal vez esta declaración tenía algo que ver con la conducta de la hija de Saúl, Mical, según se anota en 6.20ss. Todos los líderes y la congregación estuvieron de acuerdo con el plan de David, pero esto no garantiza que las acciones subsiguientes sean correctas.

La próxima equivocación de David fue ignorar la Palabra de Dios. En lugar de pedir que los levitas llevaran el arca en hombros (Nm 3.27–31; 4.15; 7.9; 10.21), siguió el ejemplo mundano de los filisteos y puso el arca en un carro nuevo (1 S 6). Dios les permitió a los filisteos usar este método puesto que no eran su pueblo del pacto, instruidos en su Palabra. Pero que los judíos ignoraran el mandamiento divino e imitaran a las naciones paganas era incitar el desastre. 

¿Cuántos cristianos e iglesias locales hoy «se conforman al mundo» (Ro 12.2) en lugar de «seguir el modelo» dado por Dios desde el cielo? (Éx 25.40). Todo el pueblo estaba entusiasmado y gozoso, pero esto no dice que el método sea correcto a los ojos de Dios. Israel quería ser «como las otras naciones» (1 S 8.5) y esto los condujo a la tragedia.

Naturalmente, a la larga el método humano de hacer la obra de Dios falla: ¡los bueyes tropezaron y el arca corría peligro de caer! Esto llevó a un tercer error: un hombre que no era levita tocó el arca (véase Nm 4.15). Dios tuvo que juzgarlo de inmediato o de otro modo sacrificar su gloria y permitir que se violara su Palabra. 

La reacción de David a este repentino juicio revela que su corazón no andaba del todo bien con Dios en el asunto; porque primero se encolerizó, luego temió. En lugar de detenerse y buscar la voluntad de Dios para descubrir la razón del juicio, David detuvo la procesión y rápidamente se deshizo del arca. En 1 Crónicas 26.1–4 se indica que la familia de Obed-edom pertenecía a la familia levítica y podía cuidar el arca sin peligro.

¡Un error condujo a otro! Cuán importante es determinar la voluntad de Dios y luego seguirla para realizar esa voluntad.

Que Dios les bendiga siempre

Miguel Angel Torres Pumarada