“El principal fin del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre”
Nuestra Identidad como Adoradores II
Por: José Rueda C


El diccionario de sinónimos Lexis 22 menciona que identidad es igual que autenticidad = verdadero, cierto, genuino, real, positivo, fiel. En este tiempo donde la imitación es el camino más transitado cabe la pregunta, ¿Cuan auténtico es nuestro corazón?, ¿Cuán genuinas son nuestras expresiones de adoración y alabanza?, ¿Qué tan cierta y real es nuestra devoción pública?.

En la primera parte de este artículo citamos el libro de Génesis para hablar de identidad porque con seguridad en ese libro está la razón del para que nacimos. A la pregunta en el catecismo breve: ¿Cuál es el fin principal del hombre? La respuesta es sencilla, pero profunda:  “El principal fin del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre” En otras palabras, adorar y glorificar a Dios es la razón del por qué fuimos creados originalmente y es por eso que ahora somos  una nueva creación. Esa es la explicación de una génesis de la adoración y lo que Dios está haciendo  en este tiempo por su Espíritu Santo es una re-génesis de la adoración y para los adoradores, pues Dios llevará todo de nuevo al lugar de los comienzos.

La iglesia cristiana existe comenta A. W. Tozer, ante todo, para adorar a Dios y todo lo demás está en segundo, tercer o cuarto lugar.

Tozer habla en uno de sus célebres escritos acerca de un santo llamado, el Hermano Lorenzo, quien en el lecho de muerte dijo....”no estoy muriendo, estoy haciendo lo que he estado haciendo durante los pasados 40 años, y haciendo lo que espero voy a hacer durante toda la eternidad, estoy adorando al Dios a quien amo”.

De acuerdo con Génesis 4:3-5 Dios está interesado en el adorador y no en la ofrenda que este pueda dar. De la misma manera habló a Saúl a través del profeta, refiriendo mayor importancia al obedecer que a sus sacrificios (I Samuel 15:22-28), es decir, para Dios no representan una condición nuestras expresiones de adoración por profundas y sacrificiales que sean; El busca un corazón correcto, el de un verdadero adorador, pero ese tipo de corazones se halla en aquellos que nacen de nuevo en Sión, en el lugar de los comienzos, es decir, en su presencia. Curiosamente entonces nacemos del vientre de nuestras madres como hijos naturales, del Espíritu como hijos espirituales y en su presencia como adoradores (Salmo 132:13/ Isaías 66:8-14/ Jeremías 30:20).

Querido lector, Dios nos llama a una exactitud en la obediencia y no a acumular expresiones de adoración nada genuinas y sin fundamento en la integridad y propósito escriturales.

Quiero resaltar la invitación de Dios a los sacerdotes de su pueblo a través de Moisés (Números 18:20 / Josué 13:33) En una paráfrasis estas referencias hablan así:

“Yo Jehová soy su porción y heredad y no aspiren a menos que eso”, los adoradores hemos preferido ser llamados músicos y defendemos un nombre que el Señor no nos ha dado; El nos creó para tener comunión con nosotros y jamás ha buscado nuestras expresiones de adoración con interés prioritario en su propósito de relacionarse con el hombre.

El quiere darle un nombre mejor que el de hijos o hijas a todos aquellos que elijan lo que a Dios le agrada, le sean fieles amen su nombre y velen por los intereses del Rey. (Isaías 56:3-5 y 6). Dios nos pretende como sus amigos, sus íntimos, aquellos a quienes pueda llevar a su monte santo, (v.7) adoradores y eunucos en quienes pueda confiar el cuidado de su esposa, su iglesia.

Cuando en el artículo pasado decíamos que Dios nos hizo a su maniera, nos referimos a un termino en el arte que hace memoria de un estilo en el renacimiento entre 1560 y 1615 (Siglos XV y XVI). En el renacimiento y a través del manierismo se retornó al clasicismo en la búsqueda de lo perfecto, lo ideal y lo sereno.... Todos los escultores hasta el tiempo de Miguel Ángel producían obras que transmitían rigidez e igualdad en su concepto de  perfección y belleza pero Miguel Ángel produjo cambios dramáticos cuando a través de sus obras comenzó a sugerir el movimiento en la serenidad, la perfección en sus trazos y la belleza en sus personajes, lo demás es historia; todos los artistas comenzaron a imitar este nuevo estilo que se  llamó manierismo y que quiere decir: “a la manera de Miguel Ángel”.

Dios no imitó a otro cuando nos creó, en primer lugar porque no hay otro Dios como El y en segundo lugar porque El es el originador y el consumador de todas las cosas. El nos hizo a su maniera, diferentes a toda el resto de la creación, de acuerdo a su palabra somos como la niña de sus ojos, la corona de su creación, sus hijos, sus amigos, sus ministros y herederos con Cristo de sus riquezas en gloria y por estas y muchas mas razones nos debemos a Dios en adoración, pero debemos reconocer que en Latinoamérica existe una marcada ausencia de identidad, notoria en círculos cristianos y en un número considerable de adoradores que emprenden proyectos de adoración y alabanza de todos los tipos, sin querer insinuar que es pecado. Ahora, si identidad es lo que soy, es interesante notar la respuesta de la mayoría cristiana; se ha preguntado a si mismo:¿quién soy yo?. Sabe, generalmente divagamos y no damos una respuesta con propiedad y claridad, nuestras palabras son religiosas y carecen de sentido y razón.

Una vez le pregunté a una señorita cristiana: “qué quieres hacer en la vida como adoradora que eres”  y su respuesta fue “Quiero servirle al Señor en el ministerio de la danza”. Impresionante, eso es lo único que ella quiere hacer con su vida, toda la vida. Este tipo de respuesta es la de cientos de cristianos en nuestro continente. Carlos Rangel, dice que los Latinoamericanos no estamos satisfechos por lo que somos y yo creo que es porque no sabemos lo que somos, entonces, aparentamos saber lo que somos pero queriendo vivir como otros son.

Así como en la edad media, la iglesia era el libro de los que no sabían leer, es decir, la Biblia de los pobres, me atrevo a pensar que hoy la música es el pretexto de muchos que quieren creer que ser músico, significa ser adorador. Parece que vivimos en el oscurantismo moderno, donde el significado de ser adorador se ha transmitido de boca en boca, por tradición o nos lo han vendido a través de buhoneros, pregoneros y el teatro cómico-sacro, parece que el mundo cristiano marcha como establecía el gobierno Romano en la antigüedad: “Para tener contento al pueblo, dadle pan y circo” (Cicerón).

¿Que o quienes somos en realidad? A lo largo de los siglos muchos pensadores han aventurado distintas respuestas: un alma encarcelada en un cuerpo, según Platón; una máquina construida con materiales biológicos, según Descartes; una especie animal más, que, gracias a la evolución, se ha formado tal como es, según Darwin; un manojo de instintos sexuales reprimidos, según Freud; o adoradores en espíritu y verdad, según los músicos cristianos, amantes de la música cristiana y comerciantes cristianos modernos.

No somos lo que el comercio cristiano quiere vender y mucho menos lo que las masas cristianas quieren comprar, somos adoradores, pero por qué?: porque cantamos, damos conciertos, producimos música y realizamos entretenidos eventos cristianos?

Somos adoradores porque esa es nuestra naturaleza, nacemos si se puede decir, con ese instinto, todo hombre que ha existido a través del tiempo y en cualquier lugar sobre la tierra ha establecido algo o a alguien como el objeto de su veneración, respeto y obediencia; sean astros, animales, la naturaleza o el mismo hombre. En nuestro interior reconocemos que nos debemos a un ser superior, pero a quién o a qué; porque ocurre que hoy muchos adoran la adoración, alaban la alabanza, el objeto de la adoración de otros es su denominación, su ministerio, su pequeño reino, ellos mismos. Hemos llegado al límite de la egolatría viviendo y haciendo como Jesús no lo hizo, cobramos por adorar públicamente, pagamos guardaespaldas y compramos vehículos blindados, construimos mega templos e invertimos millones en decoración y comodidades, no nos dimos cuenta en que momento el objeto de nuestra devoción y entrega dejó de ser Jesús y la pasión del corazón del Padre, por esa razón es que el Padre sigue buscando verdaderos adoradores, porque son escasos y una mayoría de los que pretenden serlo no lo son.

Ser adorador es un asunto de condición y no de expresión, como no eres un automóvil por dormir en un garaje, o un cristiano por asistir a una iglesia, tampoco se es un adorador porque lo expresas cantando. No existe la posibilidad de ser buenos a malos adoradores, se es o no se es. La buena noticia es que el Padre sigue en su búsqueda de verdaderos adoradores y cualquiera de nosotros puede calificar si es hallado haciendo la voluntad de aquel que nos creó para alabanza de su nombre.